Rodeados de fantasmas
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Cuando el antiguo cocinero Yevgueni Prigozhin se aproximó a la capital rusa, las estructuras del Kremlin temblaron. Curtido en el hampa de San Petersburgo, ahora lideraba un ejército de mercenarios al servicio del presidente y su paciencia se había desbordado. Se sentía traicionado en el frente, así que emprendió un galope desquiciado junto a sus hombres, de Lugansk a Moscú, para desafiar a Putin y cobrarse alguna cabellera con estrella en la divisa. Abatieron un avión Ilyushin y varios helicópteros en el camino, hasta detenerse a 200 kilómetros de la capital. Pactó con el presidente, fue redimido y, apenas dos meses después, eliminado.
Xavier Colás, que sabe de estas cosas, cree que Putin quiso medir bien las simpatías que Prigozhin había despertado en el ejército antes de dejarle partir. Más que crueldad, el gesto reveló un terror paranoico a que de entre los uniformados pudiera surgir una alternativa a su poder.
La contención del ejército es una cuestión crucial para la supervivencia de un autócrata. En China, Xi Jinping emprendió en 2023 la mayor purga de oficiales en medio siglo. Los mejores expertos no son capaces de explicar del todo la última caída en desgracia, la del general Zhang Youxia, vicepresidente del Comité Militar Central hasta hace unos días. Podría ser el enésimo caso de corrupción en las filas; podría deberse a la inquietud de un líder cada vez más desconfiado; a posibles remilgos de Zhang ante una hipotética invasión de Taiwán; o a la incapacidad para actualizar las Fuerzas Armadas al ritmo que el presidente demanda.
Sea cual sea el motivo, tras el golpe de mano Xi refuerza su control y neutraliza a la única institución que podría amenazarlo más allá de las facciones en el partido. Las purgas tienen una doble lectura para los especialistas, porque afectan a la moral y al mando de la institución, con dos millones de miembros, en un momento especialmente delicado. El Ejército Popular de Liberación necesita estar a punto, cree el Pentágono, para una hipotética invasión de Taiwán en 2027 y para extender su control sobre el mar de China, como Estados Unidos hizo con el Caribe en su despertar imperial. Antes de 2035, Pekín planea tener activos nueve portaviones frente a 11 de Washington, y ansía equipararse para entonces con la potencia rival en capacidades estratégicas nucleares, cibernéticas y espaciales.
Está por ver si la depuración del general Zhang por socavar la autoridad de Xi como comandante en jefe -según sugiere el Diario del Ejército Popular de Liberación- tiene alguna incidencia en esos planes. Zhang es uno de los últimos mandos con experiencia en combate y Xi podría optar, cree el experto François Godement, por nuevas generaciones de oficiales, más tecnológicos, para seguir impulsando la "revitalización" de la nación china con vistas a 2049, cuando se cumplirá un siglo de la Revolución de Mao. En esa fecha, el régimen pretende disponer de una capacidad militar global, comparable a la de Estados Unidos.
El curso de la biología lleva a pensar que Xi Jinping no estará entonces presidiendo las celebraciones, pero también es probable que tanto él como Vladimir Putin sean más optimistas. Parecían albergar esperanzas durante su conversación en Pekín, en los festejos por el 80º aniversario del fin de la II Guerra Mundial, cuando especularon con alargar la vida humana hasta los 150 años mediante el trasplante de órganos. Su destino dependería de la ciencia. También de su astucia para mantener a raya a cualquiera que pueda interponerse en su camino.
Carlos Franganillo es periodista y ex corresponsal en Washington.