Dra. Lidia Maroñas, dermatóloga: "Ni el agua caliente abre los poros ni la fría los cierra"

Dra. Lidia Maroñas, dermatóloga: "Ni el agua caliente abre los poros ni la fría los cierra"

"Yo me pongo agua fría para cerrar los poros", "yo antes de ponerme el exfoliante los dilato con agua caliente", "yo por las mañanas me lavo la cara solo con agua", "no se le notan los poros porque se lava la cara con agua helada". ¿Te suenan estas afirmaciones? Pues déjanos decirte que no tienen fundamento real y que a través de la limpieza facial tienes poco o nada que hacer para reducir el tamaño de tus poros, por mucho que te hayan dicho lo contrario. Así nos lo han explicado los dermatólogos.

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Media Image© hannaschonberg

¿El agua fría cierra los poros y la caliente los abre?


"Los poros no tienen musculatura propia, así que no se abren ni se cierran como una puerta", comienza explicando la dermatóloga Lidia Maroñas, fundadora y directora de su clínica Oneskinmed. "Lo que sí ocurre es un efecto físico transitorio: el agua caliente dilata los vasos sanguíneos, ablanda el sebo y relaja la piel", asegura. Según la experta, esto puede hacer que el poro se vea más grande durante unos minutos. 

Como explica el doctor Carlos Morales Raya, dermatólogo experto en acné, láser y estética y director médico de la clínica que lleva su nombre en Madrid y de Raya Cosmética Dermatológica, "cada poro es la salida de una unidad pilosebácea formada tres cosas: el folículo, la glándula sebácea y el músculo erector del pelo. Este último músculo se contrae con el frío o ciertos estímulos emocionales, produciendo la conocida "piel de gallina". Sin embargo, su función no es regular el tamaño del poro. No tiene capacidad para cerrarlo o abrirlo de forma real".  

"El agua fría produce vasoconstricción y una ligera contracción cutánea, dando una sensación de poro más pequeño, pero solo de forma temporal", cuenta la doctora Maroñas dando sentido al origen de este mito tan extendido. "El tamaño real del poro depende sobre todo de la genética, la producción de sebo, el envejecimiento cutáneo y el daño solar", confirma. Según el doctor Morales, otro factor importante es "la calidad del colágeno y la elastina que rodean al folículo". Así que lo que realmente ayuda es una rutina cosmética adecuada. 

La influencer Itziar Aguilera en el baño de su casa© itziaraguilera

Entonces, ¿a qué temperatura conviene lavarse la cara?


La recomendación de los expertos es clara: agua templada, aproximadamente a 30 grados. Nos cuentan el agua muy caliente puede ser agresiva, especialmente en pieles sensibles, con rosácea o acné, y que el agua muy fría no es perjudicial, pero no aporta beneficios reales a largo plazo más allá de una sensación momentánea de frescor.

"Si alguien disfruta de un splash final de agua fría por la mañana, puede hacerlo, pero como gesto sensorial, no como tratamiento dermatológico", aclara la experta. Lo que es importante saber es que como dice el doctor Morales, "ningún cambio de temperatura puede modificar el poro de forma duradera". Según el médico, "los tratamientos que realmente mejoran su aspecto son los que actúan sobre el sebo, la inflamación y la estructura dérmica, no sobre la temperatura del agua". 

Una chica sonriente sin maquillaje© oneskin_med

¿Lavarse la cara solo con agua por las mañanas es buena idea?


Según la doctora Maroñas, esto depende totalmente del tipo de piel y del contexto. "Como dermatóloga prefiero acompañarlo de un cosmético de limpieza específico", nos dice. Y distingue así: 

  • Piel seca, sensible o con rosácea: sí puede ser suficiente usar solo agua (templada) por la mañana, siempre que por la noche se haya hecho una limpieza adecuada. Prefiero limpieza en formato leche o cremas limpiadoras con aclarado. Menos es más en estas pieles. 
  • Piel grasa o con tendencia acneica: en general, conviene usar un limpiador en gel o espuma suave, porque durante la noche se activa el metabolismo de la piel y se acumulan restos de productos y sebo.

En resumen: como dice la doctora Maroñas,
"no se trata de "abrir o cerrar poros", sino de respetar la biología y el estado de la piel. En palabras del doctor Morales, "no existe una norma universal: la limpieza debe adaptarse a la piel de cada persona y a los tratamientos que esté utilizando". El tip final es simple: agua templada, limpieza adaptada al tipo de piel y huir de extremos. No hay más misterio.