Memoria y territorios

Memoria y territorios

Kathy Murillo nació en Holanda con raíces caribeñas y venezolanas, por lo que desde niña aprendió a moverse entre mundos diversos. Esa experiencia de transición y encuentro se refleja en su obra, que fluye sin esfuerzo entre pintura, escultura, video, performance, trabajos en papel y proyectos participativos, donde cada pieza es un hilo donde se teje la identidad, la pertenencia y la justicia.

Su creación, comparte, atraviesa estructuras sociales, culturales e institucionales, y cómo la resiliencia, la conciencia emocional y el impacto del poder se alojan en cada gesto y en cada forma.

“Vengo de un lugar donde las identidades no son fijas, y eso se refleja en todo lo que hago, cada proyecto plantea preguntas sobre quiénes somos, de dónde venimos y cómo habitar múltiples espacios al mismo tiempo”, comenta Murillo, para quien un eje central de su trabajo es la pertenencia, entendida como paisaje emocional y condición política.

Y agrega: “Quiero que la gente entre en mis proyectos y sienta que hay un lugar seguro para cuestionar e imaginar otros modos de pertenecer”, explica.

Para la venezolana, la vida y el arte son inseparables, por lo que convierte sus obras en espacios de diálogo y cuidado que amplifican voces marginadas y fomentan la participación. 

“Cada proyecto convierte la memoria, la identidad y la justicia en experiencias colectivas, donde el espectador se vuelve parte activa, explorando empatía, resistencia y fuerza comunitaria”, señala.

El pasado agosto, Murillo presentó en la Jupiterfab Arts Residency de Guadalajara su exposición Valle de Piedras, un recorrido donde cuerpo, memoria y territorio se entrelazan en la búsqueda del amor propio y la pertenencia.

“Cada obra sugiere una ruta emocional hacia el reencuentro con el amor propio”, afirma.

La muestra exploró afectos diversos: del desamor y el duelo a la ternura compartida y la esperanza de un nuevo amor, por lo que sus pinturas se arraigan la memoria y en el lienzo: “Cada obra es un gesto de búsqueda y de florecimiento, donde el arte se convierte en acto vital y político”.

“Mi trabajo nace de la necesidad de crear espacios donde las personas puedan sentir que pertenecen, donde el arte sea un refugio y un lugar para imaginar nuevas formas de estar en el mundo”, concluye.

Kathy Murillo ha desarrollado una práctica artística basada en investigación, activismo y cuidado, con obras publicadas en medios como FAD y Financial Times, y presentadas en espacios como Hoogtij Den Haag y el Festival de Jazz del Mar del Norte. En 2023 fundó KindleArt, un proyecto que conecta a jóvenes con el arte contemporáneo.

Inspirada en pensadoras como Anzaldúa, Lorde y Ahmed, su trabajo explora justicia, memoria y desplazamiento, transformando vulnerabilidad en fortaleza compartida. Activa en Países Bajos, México e Inglaterra, utiliza el arte para cuestionar estructuras de poder e imaginar nuevas formas de pertenencia.

EEZ