Misoginia automatizada

Misoginia automatizada

La irrupción de la Inteligencia Artificial (IA) en la vida pública abrió un debate tecnológico, pero también un nuevo espacio para cosificar y violentar a las mujeres, donde el cuerpo femenino puede convertirse en arma política, mercancía digital o instrumento de humillación masiva.

En las últimas semanas, la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido objeto de imágenes manipuladas y contenidos sexualizados generados con herramientas de IA. El fenómeno trasciende fronteras. La tecnología acelera una violencia que ya existía, pero ahora la vuelve inmediata y viral.

La IA actúa como amplificador: automatiza la humillación, abarata la manipulación y acelera la difusión. Antes se requería edición especializada; hoy basta una instrucción escrita.

Cuando la víctima ocupa una posición de poder, el debate se desplaza de sus decisiones hacia su cuerpo; se fabrican escenas falsas para erosionar reputación, y se instalan insinuaciones morales ajenas a su desempeño público.

Ha ocurrido con la exvicepresidenta de EU, Kamala Harris, blanco de montajes sexualizados y narrativas racistas; con Sanna Marin, exprimera ministra de Finlandia, cuyos videos privados fueron explotados para cuestionar su autoridad; con las expresidentas Cristina Fernández de Kirchner y Dilma Rousseff, atacadas durante años con representaciones degradantes.

En todos los casos, el cuerpo terminó ocupando el lugar del argumento.

La exposición no se limita a quienes gobiernan. Presidentas, periodistas, creadoras de contenido, estudiantes, niñas y adolescentes. Investigaciones internacionales estiman que más de 90% de los deepfakes de contenido sexual están dirigidos contra mujeres, y una proporción creciente involucra a menores de edad. En muchos casos se trata de imágenes generadas sin que exista material íntimo previo. La violencia se fabrica desde cero.

Las consecuencias son: extorsión, depresión, abandono escolar, pérdida de empleo, aislamiento social, daño reputacional.

En México, la llamada Ley Olimpia -impulsada por la activista Olimpia Coral Melo tras haber sido víctima de difusión no consentida de contenido íntimo- marcó un avance importante al tipificar la violencia digital. Fue una reforma nacida de la exigencia ciudadana, no de una anticipación legislativa frente al avance tecnológico. ¿Dónde están las legisladoras trabajando por las mujeres de este país?

Las imágenes generadas con Inteligencia Artificial que simulan desnudos o actos sexuales abren una zona gris jurídica, no existe material íntimo real filtrado, pero el daño sí existe y se multiplica.

La agresión digital puede producirse desde cualquier dispositivo y expandirse en cuestión de minutos.

El debate de fondo es cultural y jurídico. Mientras el marco legal sea reactivo y persiga el daño después de que ocurra, en lugar de anticipar nuevas formas de violencia sintética, las mujeres seguiremos expuestas en un entorno donde la innovación avanza con velocidad y la protección llega tarde.

La Inteligencia Artificial, ahora, es aliada de la misoginia.

Nos vemos a las 8 por el 8 TV

POR SOFÍA GARCÍA

COLABORADORA

@SofiGarciaMX

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