Sharon Stone rompe a llorar en Viena y protagoniza el momento más comentado del Baile de la Ópera
El Baile de la Ópera de Viena volvió a convertirse en el epicentro del glamour europeo en su 68.ª edición, celebrada el 12 de febrero en la majestuosa Ópera Estatal de Viena. La cita, una de las más esperadas del calendario social austríaco, reunió a 5.500 invitados entre aristócratas, figuras de la cultura, representantes políticos y celebridades internacionales, que se dieron cita en un escenario transformado en un salón de baile de nueve plantas, decorado con más de 650 arreglos florales en tonos rojos y violetas.
Sin embargo, entre valses, tiaras y vestidos de gala, uno de los momentos más comentados de la noche tuvo como protagonista a la actriz Sharon Stone. La protagonista de Instinto básico, invitada estrella de esta edición, acaparó titulares tras vivir un momento de fuerte emoción que la llevó a abandonar temporalmente el recinto antes de regresar con la mejor de sus sonrisas.
Stone, de 67 años, llegó a la alfombra roja con un espectacular diseño de Valentino inspirado en la obra del pintor vienés Gustav Klimt. La creación, dorada y de estética ornamental, fue una de las más comentadas de la noche. A su llegada, la actriz se mostró cercana y entusiasmada, pero pronto comenzó a sentirse abrumada por la magnitud del evento, que reúne a más de 5.000 asistentes y concentra una enorme expectación mediática. La estrella de Hollywood había aterrizado en Viena el domingo para participar en el Baile de la Ópera de 2026 como invitada de Karl Guschlbauer, empresario pastelero austríaco y figura emergente de la alta sociedad local, conocido por su presencia en eventos culturales y benéficos del país.
Según informan medios locales, la actriz rompió a llorar durante una entrevista en directo con la televisión pública del país, Corporación Austríaca de Radiodifusión (ORF). Visiblemente emocionada, elogió “la elegancia desbordante” del baile, habló del “orgullo cultural” que sentía al presenciar la ceremonia y llegó a bromear sobre “lo guapos que eran los policías” que custodiaban la entrada. Entre lágrimas, admitió: “Estoy un poco abrumada. Sinceramente, me dejó sin aliento”.
Poco después, la actriz estadounidense abandonó la alfombra roja por una salida lateral y se dirigió al cercano Hotel Sacher, donde se hospedaba durante su estancia en la capital austríaca, situado a apenas dos minutos a pie. Según recoge OE24, la actriz explicó que solo necesitaba “refrescarse” y tomarse un respiro. Una copa de champán y unos minutos de calma parece que fueron suficientes para que recuperar la serenidad.
Su anfitrión, Karl Guschlbauer, quiso restar dramatismo al episodio y subrayó la intensidad emocional del momento. “La verdadera belleza llega al corazón. Cuando una invitada como Sharon Stone derrama lágrimas de alegría por pura emoción, demuestra lo mágica que es la noche”, explicó. Añadió que era perfectamente comprensible que, tras semejante descarga emocional, necesitara un breve respiro. Y qué mejor lugar que su hotel, situado a escasos metros del recinto, para hacerlo antes de regresar “en todo su esplendor”, según declaró a los medios austríacos.
Y así fue. Tras su breve ausencia, Stone regresó al baile y ocupó su asiento en el palco de sus anfitriones, la confitería Guschlbauer, justo a tiempo para la entrada de las debutantes, uno de los momentos más solemnes de la velada. Desde allí concedió una segunda entrevista a ORF, ya más tranquila, en la que reiteró lo mucho que estaba disfrutando del evento. Cuando le preguntaron si se animaría a bailar un vals —una tradición que en otras ediciones han seguido invitados como Sophia Loren o Jane Fonda—, la actriz negó con humor: “No creo que me dejen”, dijo señalando la pista abarrotada.
En esa misma conversación, Stone describió su estado de ánimo como “de mal humor” o “irritable” y que ella utilizó para restar importancia al episodio. La actriz permaneció en el baile hasta pasados casi 20 minutos de la medianoche, cumpliendo incluso más allá de lo estipulado en su contrato, que según OE24 la obligaba a quedarse hasta medianoche.
El diario Die Presse añadió contexto a lo ocurrido, señalando que las celebridades estadounidenses suelen sentirse sobrepasadas por la densidad del público y el protocolo del baile, donde no existe distinción entre estrellas de Hollywood y la alta sociedad local: todos deben esperar en la misma cola para dejar sus abrigos antes de la ceremonia inaugural. La interacción directa con el público, los flashes y la falta de espacios privados pueden resultar abrumadores para quienes no están acostumbrados a este tipo de eventos.
Además, hay que recordar que la actriz ha vivido episodios de acoso a lo largo de su carrera, algunos de ellos graves, lo que explicaría su incomodidad ante multitudes muy densas. La propia actriz lo reconoció en declaraciones al diario alemán Bild: “En Estados Unidos no estamos acostumbrados a estas multitudes tan densas”. Aun así, quiso dejar claro que la experiencia había sido positiva: “Ha sido una noche de locos”, dijo entre risas, antes de prometer que volvería a Viena, aunque añadió con humor: “La próxima vez, sin el Baile de la Ópera”. Tras abandonar el evento, Sharon Stone regresó al Hotel Sacher, donde, según medios locales, tuvo dificultades para conciliar el sueño debido al jet lag, que viene arrastrando desde su llegada a Europa.
El episodio, lejos de empañar la velada, se convirtió en uno de los momentos más comentados de esta edición del Baile de la Ópera. La mezcla de emoción, espontaneidad y vulnerabilidad de Sharon Stone aportó un toque inesperado a una noche marcada por la tradición, el glamour y la elegancia vienesa.










