El hábito moderno por el que muchas parejas se desgastan, según la coach Anna Vicen
Seguro que te suena esta escena: estás en la cama, el lugar que debería ser el refugio de vuestra intimidad, pero entre tu pareja y tú no hay caricias, sino el brillo azul de dos smartphones. Sin darnos cuenta, hemos dejado que un cristal frío se convierta en el tercero en discordia de nuestra relación. Hablamos con la experta Anna Vicen, coach de terapia de parejas, y analizamos cómo recuperar el terreno perdido.
¿Cómo afectan el móvil y las pantallas a la conexión emocional en pareja?
Las pantallas actúan como una barrera invisible pero muy sólida. Y los datos lo confirman: en nuestro estudio con Pikolin vimos que 7 de cada 10 parejas usan dispositivos en la cama. El problema real es que, sin darnos cuenta, actuamos como si tuviéramos un compromiso más fuerte con el móvil que con nuestra pareja.
A veces, una simple notificación llama más nuestra atención que algo importante que nos está diciendo la persona que amamos en ese mismo instante. Le mostramos al dispositivo una disponibilidad absoluta y una fidelidad del 100 %: si notifica, miramos; si suena, atendemos.
Le entregamos nuestra máxima presencia a la pantalla mientras dejamos a nuestra pareja en “modo de espera”. Y esto puede fragmentar la conexión entre uno y otro, porque la intimidad se nutre de presencia real, de mirar a los ojos, de escucharnos. Sin eso, el vínculo se debilita, poco a poco. Y lo grave es que lo estamos permitiendo nosotros, priorizando sistemáticamente lo digital frente a lo humano.
¿Puede el uso constante del teléfono generar distancia o celos?
Absolutamente. De hecho, hay un término para esto: phubbing (ignorar a quien tienes delante por mirar el móvil). No se trata siempre de celos románticos, sino de “celos de atención”. Tu pareja siente que un aparato o un desconocido en redes tienen más prioridad que ella. "Según los datos que manejamos, casi la mitad de las personas se sienten ignoradas por su pareja. Pero es que, a menudo, son ambas partes las que entregan su atención al móvil. Y luego es normal que cueste mucho más encontrarse el uno con el otro y conectar. Si los dos estamos mirando hacia otro lado, el encuentro se vuelve imposible. Esa distancia es el terreno ideal para el enfriamiento de la relación", nos dice.
Pero nos preguntamos si ¿da igual si se está chateando o viendo películas cada uno con su pantalla? Anna Vicen nos responde que no es lo mismo, pero el resultado de aislamiento suele ser similar si no hay interacción. Ver una película juntos puede ser un acto compartido si se comenta, si hay contacto físico, si es una experiencia de los dos. Pero si estamos en el mismo sofá y cada uno está inmerso en su propia pantalla —uno viendo series, otro chateando— entramos en lo que llamo “soledad acompañada”. Estamos juntos en el espacio, pero a kilómetros de distancia mental y emocionalmente.
Señales de que la relación se está desgastando
Una señal muy gráfica es táctil: cuando tus dedos tocan más tiempo el cristal frío de la pantalla que la piel de tu pareja. "En mis procesos de acompañamiento trabajamos estas señales de alarma: cuando no aguantamos sin mirar el móvil, pero a nuestra pareja prácticamente la ignoramos; cuando por la noche me relajo más leyendo en el teléfono que conversando o estando presente; o cuando el sexo y el placer compartido disminuyen porque “siempre estamos cansados”, pero luego nos quedamos una hora haciendo scroll en la cama", indica.
Estas frases no dejan indiferente, ¿verdad? Pero aquí no venimos a juzgar ni a buscar culpables. Lo que queremos impulsar es una mayor conciencia sobre cómo nos estamos relacionando con el móvil y si deseamos cambiar algo para mejorar nuestra conexión en pareja. Quiero lanzar un mensaje optimista: podemos modificar nuestros hábitos y nuestras dinámicas. Que ahora sea así no significa que lo vaya a ser para siempre. Tenemos capacidad de cambiar.
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Ante esta cuestión que le lanzamos a la experta en pareja nos responde que la causa es que luchamos contra nuestra propia biología. Las aplicaciones están diseñadas para secuestrar nuestra atención mediante estímulos que generan dopamina, es decir, placer inmediato y fácil. Conectar con la pareja, tener una conversación profunda o intimar requiere otro tipo de energía: paciencia, escucha y presencia. "El cerebro, por ley del mínimo esfuerzo, tiende a buscar la recompensa rápida del “me gusta” antes que el esfuerzo emocional que implica la relación real. Sin embargo, la recompensa auténtica, la que llena de verdad y cuida el vínculo, está fuera de la pantalla. Es la que construye y hace evolucionar una relación de forma positiva".
Le preguntamos si se trata de una forma de evasión y nos responde que, en muchísimos casos, sí. Y es que el móvil se ha convertido en el anestésico moderno perfecto. Usamos excusas como “espera, que estoy contestando un mensaje”, esos eternos encierros en el baño o el típico “ahora voy” que nunca llega. Y no siempre es para evitar estar disponibles emocionalmente. A veces simplemente queremos desconectar del día y dejarnos entretener de forma inmediata. Si lo hiciéramos una o dos veces al día, no habría problema. El inconveniente es que lo hacemos constantemente. Y con esa interrupción permanente resulta imposible interesarse de verdad y centrarse en la persona que tienes delante.
Para ello, nos explica Anna Vicen, hemos diseñado las dinámicas del Reto 21 Noches Conectados junto a Pikolin, e incluso hemos creado el espacio físico “Intimario” en la plaza de Callao, que estará abierto durante esta semana. Son herramientas que utilizo habitualmente en mis procesos y que hemos adaptado para el reto.

