Qué dice la psicología de las parejas que no quieren celebrar San Valentín
Cada año, cuando se acerca el 14 de febrero, la misma pregunta sobrevuela consultas, cenas con amigas y mensajes de WhatsApp: ¿es mala señal que una pareja no quiera celebrar San Valentín? Mientras los escaparates se llenan de corazones y las redes sociales se inundan de declaraciones públicas de amor, muchas parejas viven esta fecha con ilusión… y otras con una mezcla de rechazo, indiferencia o incluso tensión.
Según explica Lara Ferreiro, psicóloga y autora del libro Ni un capullo más, la clave no está tanto en celebrar o no celebrar, sino en lo que hay detrás de esa decisión. “Si todos los años se celebraba San Valentín y este año no, es muy mala señal”, advierte. Siempre y cuando, claro está, no haya una razón de peso que lo justifique.
Sin embargo, cuando nunca ha sido una tradición en la pareja, el significado cambia por completo. ¿Estamos ante una simple diferencia de estilos o ante un síntoma de desgaste emocional? Vamos a analizarlo.
¿Es mala señal no querer celebrar San Valentín?
Depende. “Hay dos tipos de pareja: parejas prácticas y parejas románticas”, explica Lara Ferreiro. Las primeras tienden a rechazar lo que consideran marketing del amor. Para ellas, no celebrar el 14 de febrero no significa querer menos, sino evitar la presión comercial o el ritual impuesto. Las segundas, en cambio, viven la fecha como una oportunidad simbólica para reforzar el vínculo.
El problema no surge cuando ambos miembros comparten visión, sino cuando uno lo necesita y el otro lo minimiza. En consulta, la psicóloga ha visto cómo San Valentín se convierte en un auténtico termómetro emocional. “Para muchas personas funciona como un test de amor. Si su pareja no quiere celebrarlo, se sienten rechazadas e incomprendidas”. Aquí entran en juego los estilos de apego.
Las personas con apego ansioso o dependencia emocional pueden vivir la negativa como una confirmación de que “no soy importante” o “ya no me quiere igual”. En cambio, alguien con un estilo más evitativo puede sentir que el ritual le resulta incómodo o excesivamente vulnerable. Por eso, antes de sacar conclusiones, conviene hacerse una pregunta clave: ¿esto es coherente con nuestra historia o supone un cambio brusco?
Si no solo no se celebra San Valentín, sino que tampoco hay ilusión en cumpleaños, aniversarios o planes juntos, puede indicar desgaste emocional
Cuando hay un cambio de hábito: la verdadera señal de alarma
Si lleváis años intercambiando regalos, organizando cenas o teniendo algún gesto especial y, de repente, tu pareja dice que este año “no le apetece”, la psicología sí levanta la ceja.
En los primeros años de relación, cualquier excusa es buena para celebrar. El enamoramiento, que biológicamente dura entre uno y dos años, genera euforia, ganas de sorprender y energía emocional. Con el tiempo, esa intensidad baja. Es normal. Lo que no es tan normal es el corte abrupto sin explicación. Cuando desaparecen no solo los gestos de San Valentín, sino también los detalles cotidianos, las sorpresas, la intimidad y la comunicación, la fecha actúa como un espejo que refleja algo más profundo.
Según la psicóloga, “si no solo no se celebra San Valentín, sino que tampoco hay ilusión en cumpleaños, aniversarios o planes juntos, puede indicar desgaste emocional”. Eso sí, conviene distinguir entre desamor y saturación. Parejas con hijos pequeños, estrés laboral o problemas económicos pueden no tener energía para rituales románticos. No siempre es falta de cariño; a veces es agotamiento.
Cuando uno quiere celebrarlo y el otro no
Aquí es donde suelen empezar los problemas. En terapia, la psicóloga ha visto rupturas que se gestan precisamente en torno a esta fecha. “Muchas veces los hombres lo celebran por presión de la mujer”, comenta. Y cuando el regalo no cumple expectativas, aparecen reproches: que si “vaya detalle más frío”, que si “ni unas flores”. Detrás, lo que se juega no es el objeto, sino el significado.
Para quien valora la fecha, el gesto simboliza reconocimiento público y emocional. Para quien no, puede representar una imposición. Además, existen otros factores psicológicos menos evidentes: Las personas con miedo a la intimidad tienden a minimizar rituales románticos porque les generan vulnerabilidad. Quien ha vivido rupturas dolorosas cerca del 14 de febrero puede evitar la fecha por asociación con el dolor. Y hay quien rechaza la celebración por conflicto de valores, al considerarla una exhibición innecesaria. “Lo importante no es celebrarlo o no, sino hablarlo”, insiste Ferreiro.
Antes de que llegue el día, conviene preguntar: “¿Para ti es importante el 14?”. Puede parecer obvio, pero muchas parejas dan por hecho que el otro piensa igual.
Quien ha vivido rupturas dolorosas cerca del 14 de febrero puede evitar la fecha por asociación con el dolor. Y hay quien rechaza la celebración por conflicto de valores, al considerarla una exhibición innecesaria.
Cómo gestionar la decepción si tu pareja no quiere celebrarlo
Si ya ha pasado el día y te has sentido herida, evita caer en el ataque o el sarcasmo. Frases como “ya veo lo romántico que eres” solo activan la defensiva. En lugar de eso, expresa lo que necesitas: “Para mí sí es importante tener un gesto simbólico”. Cambia el reproche por petición concreta. Puedes proponer celebrarlo otro día, organizar un plan íntimo en casa o acordar un detalle sencillo, como una carta. Las parejas sanas negocian rituales y símbolos.
No se trata de imponer, sino de encontrar un punto intermedio. Si el conflicto es recurrente, puede ser útil explorar qué significa realmente la fecha para cada uno. Para ti puede simbolizar validación; para tu pareja, presión. Nombrarlo reduce malentendidos. Y si descubres que la decepción se cronifica, que cada año acumulas resentimiento y que el malestar no se limita al 14 de febrero, quizá estéis ante una señal de alarma mayor.
En esos casos, una terapia de pareja puede ayudar a clarificar. Y, como recuerda Lara Ferreiro, “una terapia que termina en ruptura también puede ser un éxito si evita que dos personas sigan haciéndose daño”.
San Valentín como fenómeno social (y económico)
Más allá de la psicología individual, el 14 de febrero es también un fenómeno colectivo. Según datos que maneja la experta, en torno al 80% de las parejas intercambian regalos y el gasto medio ronda los 160 euros. En el mercado floral, es uno de los días con mayor demanda del año, solo por detrás del Día de la Madre y el Día de los Difuntos. Es decir, no hablamos de una fecha marginal. Este contexto genera presión social y comparación constante. “Hay que evitar las comparaciones tipo ‘a mi amiga le han regalado esto’”, advierte Ferreiro.
Porque cuando el foco se pone en lo que hacen los demás, la decepción aumenta. Incluso existe lo que algunos estudios denominan “amor estacional”: personas que inician relación en noviembre para no pasar solas Navidad y San Valentín. Y, curiosamente, después del 14 de febrero se produce un pico de rupturas. Algunas parejas se decepcionan; otras posponen la ruptura para no hacerlo ese día. La fecha, en definitiva, amplifica lo que ya está.




