Recordamos la boda de Carmen Martínez Bordiú y Alfonso de Borbón: el último vestido de novia de Balenciaga y una tiara desaparecida
15 años como diferencia de edad no supusieron un gran impedimento para el 'sí, quiero' entre Carmen Martínez Bordiú y Alfonso de Borbón Dampierre, duque de Cádiz y de Anjou. La nieta de Francisco Franco y el nieto de Alfonso XIII se casaron, en un fastuoso enlace, el 8 de marzo de 1972. Se habían conocido en una fiesta que tuvo lugar en Estocolmo (Suecia), donde el aristócrata ejercía como embajador de España. Tras contados encuentros (hay quienes apuntan a cinco) con una buena sintonía, decidieron pasar por el altar con el consentimiento de sus padres.
Los inicios de la relación
La hija de Carmen Franco Polo y Cristóbal Martínez-Bordiú había encontrado en el hijo del infante Jaime de Borbón y Battenberg y de Emanuela de Dampierre una oportunidad de salir del hogar familiar y un prometido que su familia aprobaba. Aunque antes se la había relacionado con otros posibles pretendientes, no eran perfiles aptos para pasar por el altar con ella a ojos de sus progenitores. Con esta relación, la situación cambió para ella. “Todo eran facilidades. Mi padre, de pronto, dejó de cuestionar mi vida, mis amigos y de amenazar con castigos tremendos como eran los internados. Todo cambió, y entraba y salía cuando quería sin dar explicaciones. No existía horario nocturno de a las diez en casa”, diría ella misma en sus memorias Carmen Martínez-Bordiú. A mi manera.
La petición de mano tuvo lugar en diciembre de 1971. Ahora sí, tras almuerzos y cenas de celebración del compromiso, la familia se había puesto manos a la obra para dar forma a un gran día memorable, por todo lo alto, sin escatimar en presupuesto. Aunque la propia Carmen contaría años más tarde que dejaría hacer a su entorno, que ella no se había implicado en exceso en los preparativos.
La gran celebración nupcial
Un total de 1.000 invitados, entre los que se encontraban el entonces aspirante al trono Juan Carlos de Borbón y su esposa, la princesa Sofía de Grecia, Grace Kelly y Rainiero de Mónaco, los reyes de Grecia, Geraldine de Albania, Cristina y Desirée de Suecia, Víctor Manuel y María Gabriela de Saboya y ministros del gobierno, se dieron cita para presenciar el ‘sí, quiero’. “En la capilla del Palacio de El Pardo se ha celebrado el enlace matrimonial de María del Carmen Martínez Bordiú Franco con su Alteza Real don Alfonso de Borbón Dampierre. El jefe del Estado da el brazo a su nieta y don Alfonso de Borbón a su madre, la duquesa de Segovia”, informaría el NODO. Francisco Franco había ejercido de padrino de la protagonista y estaba ubicado, junto a la madrina, en el altar, en una ceremonia que había oficiado el cardenal arzobispo de Madrid, Vicente Enrique y Tarancón.
Alta costura para Carmen
La joven de 21 años tomó una decisión en lo referente a su look nupcial: escoger a un maestro de la costura que entonces era una de las grandes agujas españolas, pero que ya había cerrado su atelier (en 1968). “Estaba ilusionada con mi boda, pero nunca la vi como el cuento de hadas que decía la gente, aunque sí tomé la decisión de que el vestido de novia me lo tenía que hacer Balenciaga”, contaría tiempo después. El suyo sería, sin saberlo, el último traje de novia que diseñaría el de Guetaria, puesto que fallecería tan solo dos semanas después de este acontecimiento.
La pieza creada por el couturier contaba con una silueta línea A y era fiel a los códigos del modisto, cuyos vestidos de novia jugaban al equilibrio entre la modernidad del minimalismo y lo regio de los diseños más clásicos. Lo suyo, sin duda, eran los trajes nupciales de invierno —como demostraría también con Fabiola de Bélgica—. Estaba confeccionado en raso natural blanco, de la casa suiza Abraham y presentaba mangas largas, cuello a la caja, un cuerpo ajustado y una capa a modo de manto.
En los detalles, en forma de flor de lis, residía la espectacularidad: piezas de nácar y cristal, 20 carretes de hilos de plata, 10.000 perlas, casi 2.500 brillantes pequeños, 2.200 medianos y 1.700 brillantes grandes componían los elementos decorativos de la prenda. Décadas más tarde, llegaría al archivo del Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona y sería expuesto en la muestra Balenciaga y la pintura española, organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza en 2019.
El secreto de una joya
Como si el resultado no fuera prácticamente una joya, Carmen Martínez Bordiú completó el estilismo con unos zapatos de punta cuadrada, sin pendientes y con una imponente tiara, colocada sobre un recogido alto, al más puro estilo corona real (centrada en la estética imperante en Europa Central en el siglo XX), que le habían regalado sus abuelos, creada exclusivamente para esta boda. Sobre ella, tiempo después, pesó la sombra de la duda, una pregunta que se mantiene a día de hoy: ¿era de joyería fina o de bisutería? ¿Llevaba diamantes o circonitas? ¿Eran esmeraldas auténticas o cristales tintados?
Formaba parte de un conjunto con broche, collar y pendientes a juego, que llevaría en contadas fastuosas ocasiones después. Los expertos en joyería y analistas siguen cuestionando a día de hoy su autenticidad, una duda a la que parece imposible dar respuesta, puesto que nunca más se supo nada de esta diadema, que se encuentra en paradero desconocido. La hija de Carmen Polo decidió desprenderse de esta joya mediante la casa de subastas Sotheby’s. El joyero Pablo Milstein aseguraba que la creación la realizó una casa de Palma de Mallorca, tal y como le contó Carmen Franco, y que no era un diseño auténtico, sino que las esmeraldas que la componían eran en realidad “cristales pintados de verde por detrás, pegados a una lámina de talco con clara de huevo”. Una técnica que se empleaba ya en el siglo XVI.
Volviendo a la pareja, a los ocho meses de contraer matrimonio nació Francisco de Asís (fallecido a los 11 años, en un accidente de tráfico en el que conducía su padre), su primer hijo. El segundo, Luis Alfonso, llegaría en 1974, cuando ya se habían instalado en Madrid, tras regresar de Suecia. Cinco años después de la llegada de este retoño, Carmen y Alfonso decidieron separarse, para en 1983 firmar definitivamente el divorcio. Consiguieron la nulidad matrimonial en 1986.








