Silvia Morales, psicóloga, sobre hijos adultos que vuelven a casa de sus padres: “Es difícil para un abuelo dejar de tratar a su hijo como a un niño”

Silvia Morales, psicóloga, sobre hijos adultos que vuelven a casa de sus padres: “Es difícil para un abuelo dejar de tratar a su hijo como a un niño”

Regresar, siendo adulto, a casa de los padres no suele ser fácil. Primero, porque en la mayoría de los casos es consecuencia de una crisis económica o sentimental, porque se ha roto con la pareja. A veces, implica regresar con hijos o, incluso, cuando está motivada por causas económicas, también con la pareja, todo lo cual dificulta aún más la nueva situación. ¿Cómo afecta a los abuelos esta realidad? ¿Y a los nietos? Nos responde Silvia Morales, psicóloga del área infanto-juvenil y adulto del hospital Hospiten Roca de Las Palmas, quien da pautas muy específicas para facilitar la convivencia y para que todos los miembros de la familia disfruten, todo lo posible, este nuevo tiempo juntos.

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¿Cómo afecta a los abuelos que sus hijos vuelvan a casa a vivir con ellos?

El fenómeno de los 'hijos boomerán' es una realidad cada vez más común que genera un torbellino de emociones en los abuelos. No hay una respuesta única, ya que la experiencia suele ser una mezcla ambivalente de gratitud y estrés. Este regreso de los hijos a casa de los abuelos es una situación compleja que genera un impacto. Por un lado, puede vivirse inicialmente con alegría: es la posibilidad de disfrutar más de los nietos, lo que aporta vitalidad y amor incondicional. Además, la convivencia permite a los abuelos ofrecer apoyo económico y emocional a sus hijos en momentos de crisis. Por otro lado, conlleva que se altere la rutina y la tranquilidad de los abuelos. La vuelta a casa modifica la estructura familiar y las rutinas. A menudo, esto obliga a los abuelos a readaptarse, renegociar las normas de convivencia y compartir espacios que ya sentían propios, lo que puede resultar estresante.

Los ‘hijos boomerán’ es una realidad cada vez más común que genera un torbellino de emociones en los abuelos.

Silvia Morales, psicóloga

En no pocas ocasiones, los hijos no van solos, sino con sus propios hijos o incluso, con su pareja. ¿De qué manera impacta esta situación en la vida de los abuelos? 

Hay una carga emocional y de cuidado. Es decir, si el regreso incluye a nietos, los abuelos, a menudo, asumen el papel de cuidadores, lo que puede provocar una carga emocional o física significativa. De hecho, existe el ‘Síndrome del abuelo esclavo’, donde el adulto mayor siente que su vida ya no le pertenece y vive volcado exclusivamente en las necesidades del hijo regresado.

Asimismo, hay una necesidad de negociación; es crucial renegociar la convivencia para evitar conflictos, especialmente si los hijos adultos traen sus propias normas o si los abuelos sienten que su autoridad o privacidad se ven invadidas.

A veces, los hijos ven cómo sus padres están tristes por vivir en soledad, por ese sentimiento de ‘nido vacío’, pero que, cuando por diferentes motivos, vuelven al que fuera su hogar, comprueban que no están cómodos del todo. ¿Por qué ocurre esta aparente contrariedad?

Como comenté anteriormente, la reacción inicial suele ser positiva, pero la convivencia a largo plazo cambia la percepción. Muchos abuelos sienten una satisfacción instintiva al saber que sus hijos están seguros y bajo su techo, especialmente si el regreso se debe a una crisis (divorcio, desempleo). Por otro lado, la pérdida de la libertad de ‘Nido Vacío’ ya que, tras años de cuidar a otros, muchos abuelos han recuperado su autonomía, sus horarios y rutinas, en definitiva, su espacio. El regreso de los hijos rompe esa paz, lo que puede generar sentimientos de invasión o pérdida de intimidad. En ocasiones, los padres sienten tristeza o culpa por sus hijos, percibiendo que no han logrado la independencia esperada, lo que añade una carga emocional de preocupación constante. 

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¿De qué manera abordar aquello que a unos y a otros incomoda sin que nadie se sienta mal por ello?

Más allá del sentimiento, la logística diaria es donde aparecen los mayores roces como los conflictos de jerarquía. Es difícil para un abuelo dejar de tratar a su hijo como a un niño y para el hijo adulto es difícil aceptar las normas de una casa que ya no siente como propia.

Por otro lado, aparece el aumento del trabajo doméstico. Si además vienen nietos, los abuelos suelen asumir el rol de cuidadores a tiempo completo, lo que puede llevar al agotamiento físico y mental. Importante, tener en cuenta, que muchos abuelos viven con pensiones fijas, por lo que el aumento de los gastos en suministros (luz, agua) y comida puede desestabilizar su economía.

En cuanto a los nietos, hay aspectos positivos como que se crea una relación abuelo-nieto mucho más profunda y diaria y que el abuelo se siente útil y vital al participar en su educación. Como aspectos negativos, el hecho de que los abuelos no suelen tener la energía física para la crianza 24/7, así como las disputas sobre cómo educar o qué límites poner a los niños.

La mayoría lo vive como un sacrificio amoroso. Es un reencuentro en el corazón, pero una invasión en la práctica. Lo que suele determinar si la experiencia es buena o mala no es el hecho de vivir juntos, sino el establecimiento de límites claros desde el primer día: ¿quién paga qué? ¿quién limpia qué? y ¿cuándo se recuperará la independencia?

Abuela abraza a su nieto© Getty Images

¿Es necesario establecer ciertas normas de convivencia?

Para que el regreso de los hijos no se convierta en una fuente de estrés crónico, es vital transformar el ‘sacrificio’ en un acuerdo de convivencia. Por ejemplo:

1. Definir la "Hoja de Ruta" (Temporalidad). El mayor miedo de algunos abuelos es que la situación se vuelva permanente.

  • Acordar plazos: Hablar abiertamente sobre cuánto tiempo se prevé la estancia. Esto ayuda a los abuelos a ver "la luz al final del túnel" y al hijo a no acomodarse.
  • Metas de salida: Si el motivo es económico, establecer objetivos de ahorro mensuales para fomentar la futura independencia.

2. Reparto Equitativo de Cargas. Un error común es que el hijo regrese al rol de "niño" al que le hacen todo.

  • Tareas domésticas: El hijo adulto debe asumir responsabilidades específicas (limpieza, colada, cocina). No puede ser un "hotel con pensión completa".
  • Contribución económica: Aunque sea simbólica, es sano que el hijo aporte algo a los gastos comunes (luz, internet, comida). Esto mantiene su dignidad como adulto y alivia la presión financiera de los abuelos.

3. El Rol de los nietos y el "derecho al descanso". Si hay nietos de por medio, el riesgo de agotamiento es máximo.

  • Abuelos no son niñeras 24/7: Hay que distinguir entre "ayudar puntualmente" y "ser el responsable legal de la crianza". Los abuelos deben mantener sus espacios de ocio, amistades y descanso.
  • Respeto a la autoridad: Los padres deben ser quienes pongan las normas a los niños. Los abuelos deben seguir esas normas para no crear confusión, pero también tienen derecho a exigir respeto a las reglas de su casa.

4. Preservar la intimidad y el espacio físico

  • Zonas privadas: Es fundamental delimitar qué espacios son comunes y cuáles son sagrados (por ejemplo, el dormitorio de los abuelos o su salón a ciertas horas).
  • Comunicación de planes: No se trata de pedir permiso, sino de cortesía. Informar de si se va a cenar fuera o si vendrán visitas evita que los abuelos estén en un estado de alerta constante.

5. Comunicación directa y reuniones

  • No guardar resentimientos: Si algo molesta (el ruido, el desorden, el uso de los espacios), hay que decirlo en el momento, de forma asertiva.
  • Reunión mensual: Sentarse una vez al mes para evaluar cómo va la convivencia y ajustar lo que no esté funcionando antes de que estalle un conflicto mayor.

En cuanto al regreso de los hijos acompañados por sus parejas añade una capa extra de complejidad a la convivencia, transformando el hogar en un espacio de negociación constante. A diferencia del regreso del hijo solo, la presencia de una persona "ajena" a la familia nuclear original altera profundamente la dinámica. 

6. Desafíos en la Intimidad y el Espacio

  • Pérdida de privacidad multiplicada: Los abuelos no solo pierden su espacio frente a su hijo, sino que deben compartir áreas comunes (baños, salón, cocina) con alguien con quien no tienen la misma confianza.
  • Invasión territorial: La pareja del hijo suele traer sus propias pertenencias, costumbres y rutinas, lo que puede hacer que los dueños de casa se sientan como extraños en su propio hogar. 

7. Choque de costumbres y normas

  • Diferentes estilos de vida: Pueden surgir roces por horarios de comida, niveles de limpieza o el uso de los suministros. Lo que para la pareja joven es normal, para los abuelos puede ser visto como una falta de consideración.
  • Jerarquías confusas: Es común el conflicto sobre quién toma las decisiones en la casa. 

8. Impacto psicológico del "Nido Lleno"

  • Estrés por el rol de anfitrión: Los abuelos pueden sentir que deben estar "siempre listos" o comportarse de forma más formal al estar la pareja presente, lo que impide que se relajen en su propio entorno.
  • Sensación de retroceso: Ver a un hijo adulto regresar con pareja puede generar en los padres una mezcla de preocupación por la falta de independencia de la nueva unidad familiar y una carga emocional por el bienestar de ambos. 

9. Riesgos económicos y financieros

  • Gastos compartidos: La llegada de dos adultos adicionales supone un incremento notable en facturas de luz, agua y alimentación.
Abuela con su nieto en brazos© Getty Images

¿Cómo hacerlo si lo que no agrada son ciertas rutinas o costumbres del yerno o de la nuera? O al contrario, ¿de los suegros, que además te están acogiendo en su casa?

Unas recomendaciones clave podría ser hacer una especie de ‘Contrato de convivencia’ verbal o escrito donde se recoja y clarifique si la pareja aportará dinero, qué tareas realizarán ambos y cuánto tiempo pretenden quedarse.

Respecto a la pareja del hijo, los abuelos deben evitar interferir en los asuntos internos de la pareja del hijo para prevenir bandos y tensiones innecesarias.

Los abuelos tienen derecho a exigir respeto a las reglas de su casa.

Silvia Morales, psicóloga

¿Cómo viven esta situación los niños y los adolescentes? ¿Pueden sentirse como extraños, en cierto modo? ¿Que están ocupando un lugar que no es el suyo? 

Para los niños y adolescentes, el regreso al hogar de los abuelos es una experiencia que oscila entre la seguridad afectiva y la pérdida de autonomía, dependiendo drásticamente de su etapa de desarrollo.

En el caso de los niños pequeños en edad escolar o inferior, el cambio suele ser mayoritariamente positivo por el apego y seguridad ya que los abuelos suelen ser figuras que ofrecen un tiempo de calidad y una atención que los padres, a menudo estresados por la crisis que motivó el regreso, no pueden dar. Da estabilidad emocional porque, en casos de divorcio o mudanzas traumáticas, la casa de los abuelos se percibe como un refugio seguro que mitiga la ansiedad. Por otro lado, el enriquecimiento emocional porque aprenden valores que fortalecen su identidad.

En el caso de los adolescentes hay varias cuestiones importantes a tener en cuenta. Para los jóvenes de entre 12 y 17 años, la situación es mucho más compleja y suele vivirse con resistencia ya que, por un lado, hay una pérdida de privacidad. El adolescente está en una etapa donde necesita su propio espacio e independencia y vivir en una casa que no es suya y donde hay más adultos supervisando puede generar sentimientos de invasión y rebeldía. Además, aparece la doble autoridad ya que éstos se enfrentan a un conflicto de normas.

¿Qué hacer cuando los abuelos interfieren en la educación de los nietos sin contar con la opinión de los padres?

Si los abuelos intentan educar o corregir (desautorizando a veces a los padres), el adolescente siente una sobrecarga de control que deriva en hostilidad y, por último, el estigma social, es decir, éstos pueden sentir vergüenza frente a su grupo de iguales por la situación económica o familiar que obligó al regreso, lo que afecta su autoestima.

Hay una serie de factores que determinan la vivencia personal de los adolescentes. Por un lado, si el motivo del regreso o el cambio es por un divorcio conflictivo, los menores pueden arrastrar sentimientos de culpa o miedo. Si es por motivos económicos, el estrés de los padres se filtra a los hijos. El espacio físico es importante, ya que tener un cuarto propio es el factor número uno para que un adolescente acepte de buen grado la nueva convivencia y, por supuesto, la relación previa. Si antes del regreso ya existía un vínculo fuerte y positivo con los abuelos, la adaptación es más rápida y exitosa.

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¿Cuáles son las claves para una buena convivencia en casa de los abuelos con la que todo el mundo esté feliz?

En resumen, para que una casa con tres generaciones (abuelos, hijos y nietos) funcione sin que nadie acabe quemado, la clave no es el afecto —que se da por hecho— sino la gestión de expectativas. Así que hay una serie de claves para una buena convivencia en casa de los abuelos:

1. No dar nada por sentado. Lo que para un hijo es normal, para un abuelo puede ser una falta de respeto.

  • Limpieza y orden. Definir quién limpia las zonas comunes y cuándo.
  • Horarios. Respetar los tiempos de descanso de los abuelos. Si los jóvenes llegan tarde, deben hacerlo en silencio.
  • Suministros. Acordar el uso de la calefacción, el aire acondicionado o el tiempo en la ducha para evitar sorpresas en las facturas.

2. Blindar la autonomía de los abuelos. El mayor peligro es que los abuelos pasen de ‘dueños de casa’ a ‘servidumbre’.

  • Agenda propia. Los hijos deben respetar que los abuelos tengan su gimnasio, sus paseos o sus cafés con amigos. No son niñeras de guardia 24/7.
  • Presupuesto claro. El hijo debe aportar a la economía doméstica. Aunque los abuelos no lo pidan por amor, recibir una aportación les quita el peso de sentir que su pensión se evapora.

3. Educación de los nietos. Nada quema más la convivencia que las discusiones sobre cómo criar a los niños.

  • La última palabra es de los padres. Los abuelos deben respetar las normas de alimentación, pantallas o sueño que dicten los padres.
  • El respeto al hogar es de los abuelos. Si en casa de los abuelos no se grita o no se come en el sofá, los nietos deben cumplirlo, y los padres deben respaldar esa norma.

4. Crear espacios de descanso. La convivencia asfixia si no hay momentos de separación.

  • Zonas privadas. Respetar las habitaciones como territorios sagrados donde nadie entra sin llamar.
  • Salidas independientes. Es vital que la familia del hijo haga planes fuera de casa sin los abuelos, y viceversa, para oxigenar las relaciones.

5. Las reuniones familiares. La comunicación asertiva evita explosiones emocionales.

  • Hablar antes de estallar. Dedicar un rato a la semana para decir qué ha molestado de forma constructiva/asertiva.
  • Agradecimiento explícito. Un ‘Gracias’ o un detalle con los abuelos hace que el sacrificio se sienta reconocido y no una obligación.