Cuando el cielo dio tregua: Alejandro Sanz emocionó a Guayaquil y recordó a Willie Colón

Cuando el cielo dio tregua: Alejandro Sanz emocionó a Guayaquil y recordó a Willie Colón

La amenaza de lluvia acompañó toda la previa, como si el cielo quisiera probar la resistencia de una fanaticada que llegó dispuesta a cantar desde el primer acorde. Pero cuando las luces se apagaron y apareció Alejandro Sanz en escena, el clima decidió esperar. El show empezó puntual, sin concesiones.

Aunque la lluvia no cayó de inmediato, la mayoría del público llegó prevenido: encauchados, chaquetas impermeables y capas plásticas se mezclaban con los celulares en alto. Nadie estaba dispuesto a perderse un solo instante (por eso la venta de funda plásticas para celulares en los exteriores fue certera). La compañía al artista español fue total, sostenida en coros multitudinarios y aplausos que no bajaron de intensidad en toda la noche.

Era el segundo concierto de la gira ¿Y ahora qué? en Ecuador. Sanz hizo un recorrido generoso (aunque a los seguidores siempre les hará falta una de sus favoritas) por varios de sus temas, enlazando baladas profundas con momentos de energía colectiva entre los que se escucharon Desde cuándo, Capitán tapón, Por bandera, Bésame, A la primera persona, El vino de tu boca, Quisiera ser, Lo Ves.

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La emoción alcanzó uno de sus puntos más altos cuando hizo una pausa, y con tono más íntimo recordó a Willie Colón. La noticia de su fallecimiento conocida ese mismo día, atravesó el escenario.

Alejandro Sanz junto con dos de las cantantes de su banda que actuaron con él, la noche del sábado 22 de febrero en Guayaquil. Foto cortesía Output / John Castro

“Uno de los grandes, el señor Willie Colón, nos dejó tantas cosas, nos dejó el alma llena de música, de la identidad nuestra, de las cosas. Así que, dónde quiera que esté, estoy seguro que celebra cada instante de música, cada nota, cada palpitar del corazón cuando se escucha una canción”, sostuvo en medio de la noche.

A lo largo de la noche, el cantautor de 57 años no solo cantó: coqueteó. Regaló corazones dibujados con sus manos, lanzó sonrisas pícaras y miradas cómplices que encendían gritos inmediatos. Cada gesto encontraba respuesta. Era un diálogo permanente entre escenario y multitud.

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Allí estaban los de siempre, quienes lo siguen desde aquellos primeros discos y que sienten cada canción como parte de su propia historia. Pero también los más jóvenes, que lo siguieron como herencia musical o desde las plataformas digitales. Y cuando el cielo finalmente decidió soltar algunas gotas, nadie se movió. Nadie dejó de cantar. La lluvia no fue obstáculo, fue parte del recuerdo. Esta noche quedó claro que la conexión con Sanz es más fuerte que cualquier pronóstico. (E)

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