Epstein, Andrés y Chomsky
A nadie sorprende que el ex príncipe Andrés ande hasta el cuello en el escándalo de Jeffrey Epstein. Normal. No se trata solo de los indicios, algunos nada nuevos, que lo ponen en el paredón mediático. Es que, además, viene a ser, por antipático, por prepotente y por loser, un villano perfecto.
Contrastantemente, el prolongado compadreo de Chomsky con Epstein sí que dejó sorprendidos a unos cuantos, y eso no es tan normal. Fue, ahora lo sabemos, una relación cercana y hasta afectuosa que empezó en 2008, cuando Epstein ya se había declarado culpable de incitar a una menor a ejercer la prostitución y por lo menos tres años después de las primeras acusaciones en su contra, y se extendió hasta 2019, poco antes de que éste fuera llevado a juicio y de que apareciera colgado en su celda, luego de años de escándalos.
Vaya, que Chomsky tenía que conocer la reputación que cargaba su bróder, al que todavía ese año aconsejaba sobre cómo tratar con los medios, que eran en su opinión los malos de la película; los culpables del tormento que pasaba su buen, inocente amigo.
En sentido estricto, al viejito marrullero le conocíamos la propensión al delirio paranoide y el narcisismo, pero no esas simpatías por un violador de niñas que además pertenecía al mundo diabólico del súper capitalismo. La verdad, sin embargo, es que Chomsky fue siempre un mal bicho y una mente muy cortita. Sobre su nefastez, conviene recordar la larga lista de genocidas, dictaduras y torturadores a los que ha defendido.
Va de nuevo: la China de Mao, inocente, dijo, de colectivizaciones brutales tipo Stalin; la Cuba castrista, que le parecía, sí, censora, pero también un modelo de desarrollo humano, sistema de salud y espíritu internacionalista; a los jemeres rojos, a los que exculpó al decir que los testimonios de los medios y los sobrevivientes del genocidio eran un complot de la CIA para desacreditar a los comunistas, y a Chávez.
Respecto a su cortedad, basta añadir que hay que tener un paladar francamente así, complotista, para creerse delirios ramplones como que, terminada la Segunda Guerra, los Estados Unidos y sus aliados hicieron, literalmente, un cónclave para planear a largo plazo la depauperación del mundo entero. No se rían. Es el pilar de su teoría histórico-politológica. Un pinche compló. Así pues, a lo mejor la sorpresa no es tanta. El sujeto es malo y no muy brillante que digamos. Ideal para Epstein, un chacalazo.
Hace algunos años, el director nacional de Inteligencia desclasificó unos archivos que revelaban que Bin Laden era un lector devoto de Chomsky. También, al parecer, Epstein. Probablemente no Andrés, porque muy de libros francamente no parece, pero miren: a ambos les gustan los abusadores sexuales. Forman una chulada de círculo de amistades. Nada que añadir. Hechos a la medida.
POR JULIO PATÁN
COLABORADOR
@JULIOPATAN09
MAAZ