AMLO: sacerdote de Sao Paulo
Con cada día que pasa, y a cada revelación del sexenio pasado que aparece, AMLO se parece más y más a Evo Morales. Tanto en sus estilos políticos, pero más importante, en las prácticas de cómo ejercer el poder. Cuando el gobierno de AMLO rescató a Evo Morales y lo trajo a México, parecía ser simplemente otro ejemplo más de la heroica tradición mexicana de solidaridad con los perseguidos políticos. Pero, conforme pasa el tiempo, queda al descubierto que fue un gesto obligado a un hermano, a un alma gemela. Era mucho más que solidaridad. Era un rescate a sí mismo.
Evo Morales capturó la mente e imaginación de Andrés Manuel López Obrador. Era ejemplo del “modelo a seguir”, según López Obrador.
Evo gobernó siguiendo las normas establecidas por el Foro de Sao Paulo. Esas normas buscaban tomar el poder por la vía electoral para luego vaciar el sistema político de cualquier mecanismo institucional que pudiera obstaculizar la perpetuación en el poder del proyecto socialista-popular.
Seis son las premisas del Foro de Sao Paulo que instruyó a sus partidarios seguir.
1. Eliminación de los límites presidenciales. La instrucción era eliminar todo impedimento legal a la repetición indefinida en la presidencia.
2. Captura del sistema judicial. Era consigna eliminar a las Cortes o, en su caso, colonizarlas y controlarlas con jueces afines al proyecto político.
3. Persecución política. Promover el acoso, encarcelamiento y persecución de opositores al régimen.
4. Politización de las Fuerzas Armadas. En esencia, la intención era corromper ideológicamente a las Fuerzas Armadas para que fueran el brazo represor del proyecto político en el poder.
5. Ampliación del intervencionismo del Estado. El Estado del Bienestar debe crear redes clientelares dependientes totalmente de la subvención estatal.
6. Infiltración en la cultura. Establecer el control y dirección de la educación de los niños y jóvenes, en todos los niveles de la instrucción, desde la cuna hasta la universidad, para que se acoplen a las ideas del movimiento.
Estas premisas son aplicadas fielmente por Morena en México, a partir del sexenio de López Obrador. En cierta época tuvieron gran éxito en América Latina. Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Venezuela, Panamá, Nicaragua, República Dominicana, Cuba, Honduras, El Salvador y Guatemala fueron seguidores. Con sus matices y énfasis diferenciados entre cada nación, el proyecto del Foro de Sao Paulo avanzó con fuerza.
AMLO siguió el “Plan de los 6 Puntos” del Foro. El único que no pudo lograr fue la eliminación del impedimento constitucional a la reelección. Lo intentó a través del mecanismo de la Revocación del Mandato, pero fracasó esa votación, al no reunir el número de votos necesarios para su ratificación.
Pero sí logró corromper al resto del sistema político nacional, incluyendo las Fuerzas Armadas. Esa corrupción se ha normalizado en el partido que gobierna a México. Lo que mantiene unido a Morena es la corrupción y el deseo de poder, no la ideología. El partido opera como una mafia. Toman recursos impunemente del erario público, de moches o del narcotráfico y nadie puede denunciar a nadie, porque todos tienen cola que les pise. Y, en casos ilustrativos como el de la Marina Armada de México y el huachicol fiscal, la delación es razón suficiente para recibir el castigo de muerte.
Evo Morales entendió la razón esencial de dos acciones fundamentales de su gobierno para mantener el poder que le transmitió a López Obrador. La primera acción es la necesidad de corromper a los altos mandos de las Fuerzas Armadas. Si no logra que compartan la ideología del movimiento, por lo menos que sientan el compromiso mafioso de no enfrentar a la autoridad por razón de sus negocios personales o por sus compromisos con los carteles del narcotráfico, so pena de ir a la cárcel. AMLO corrompió fácilmente a las Fuerzas Armadas dándoles acceso a ríos de dinero público, sin la menor necesidad de rendir cuentas sobre su distinto, a razón de la Ley de Seguridad Nacional.
Hoy vemos a los secretarios de la Defensa y de la Marina acudir, uniformados, a eventos políticos de Morena en el zócalo. Esa presencia es la confirmación de su acatamiento y disciplina al mandato del partido, no a la institucionalidad constitucional. No era un evento del Estado mexicano, era un evento de Morena y ahí estuvieron, parados en firme, rompiendo con su mandato constitucional. Todo porque López Obrador corrompió a las Fuerzas Armadas. Y Sheinbaum continúa con la misma tradición impuesta a México por la metodología del Foro de Sao Paulo.
La otra acción que Evo le impuso a su amigo mexicano fue la elección popular de jueces, para asegurar que sus decisiones judiciales estén apegadas a las necesidades y el pensamiento del “movimiento”. El Poder Judicial le sirvió de maravilla a Evo mientras retenía el poder de la presidencia. Y fuera del poder, el Poder Judicial fue utilizado por su “compañero de ruta”, el Presidente Arce, para perseguir a Evo.
Había situaciones donde un día un juez adicto a Arce condenó a Evo por pederastia y, al día siguiente, otro juez nombrado por Evo lo declaró inocente de la acusación. Así siguieron hasta que ambos perdieron el poder. Ahora ambos están siendo acusados de pederastia uno, y de corrupción, el otro.
Siguiendo el consejo de Evo, AMLO impuso la elección de jueces por voto popular en México. Pero México no es Bolivia. Muchos ni saben dónde queda Bolivia. Pero México pervive a lado de Estados Unidos, es su socio comercial mayoritario. La exigencia de Estados Unidos es que debe existir en Mexico un Estado de derecho estable y un Poder Judicial independiente y autónomo. No es aceptable un sistema judicial atado al partido en el poder, cuyas preferencias ideológicas son antiimperialistas y antiyanquí.
Tampoco acepta un Estado de derecho que cambia diariamente, dependiendo de quiénes dominan el Congreso: los radicales de Morena o sus moderados.
En ambos casos, la corrupción de las Fuerzas Armadas y el control total del Poder Judicial, son mandatos que recibió López Obrador del amigo Evo y que cumplió cabalmente.
También impuso nuevos libros de texto obligatorios para tratar de uniformar la estupidización del alumnado mexicano con la llamada Nueva Escuela Mexicana.
La política del bienestar estatal es parte del recetario impuesto desde afuera, al igual que la política de la persecución implacable a la oposición, junto con la negativa a dialogar con quienes no se subordinan a sus instrucciones. Prevalece el mandato mafioso de “cooperas o cuello”.
Sin embargo, aquí estamos, veinte años después y México está quedando sólo. Todos los aliados y miembros del Foro perdieron el poder, murieron o están encarcelados, tanto en sus países o en Estados Unidos. Sheinbaum sigue el plan del Foro, pero ya nadie cree en él. Solamente es cuestión de tiempo para que también fracase el “Plan de los 6 Puntos” en México, que probablemente será un poco después del fenecimiento de la Revolución Cubana. O sea, cuando nuestro aislamiento es total y México está en su punto de mayor debilidad.
POR RICARDO PASCOE
COLABORADOR
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