Jennifer Lopez (56) revela la nueva prioridad de su skincare: "Empecé a estar preocupada por mi cuello, no sabía qué hacer"
Durante años, el rostro se llevó todos los focos. Pero algo ha cambiado. Jennifer Lopez ha puesto su mirada en un territorio olvidado: el cuello. Y, además, lo ha convertido en prioridad. En un vídeo publicado en sus redes, confesaba: "Empecé a estar preocupada por mi cuello. No sabía muy bien qué hacer con esa zona". Por eso, ha lanzado un producto específico, Firming Neck SerumThat Spotlight Silhouette, en su marca JLo Beauty. Ahora, tras meses prestándole atención a esa parte, afirma haber notado un cambio visible y se declara emocionada con los resultados.
Así, la zona que tantas veces quedó fuera de la rutina se convierte en su nueva prioridad. ¿Por qué? Porque no hay glow ni piel cuidada que aguante si el cuello transmite una edad diferente al rostro. La nueva frontera del cuidado antiedad tiene nombre y forma, y está justo debajo de la mandíbula.
Cuidado del cuello: la nueva clave antiedad
Jennifer Lopez no se equivoca con su nuevo foco beauty. Diana Montoya, experta en medicina estética con una visión integral del rostro, lo dice claro: "una rutina facial incluye siempre cara, cuello y escote, y recalco mucho esto porque la piel del cuello es más fina, tiene menos glándulas sebáceas y una menor capacidad de regeneración."
Esto la hace especialmente vulnerable a la flacidez, a las líneas horizontales tan características y a la pérdida de firmeza acelerada por el sol, la postura o el uso constante del móvil. Pero hay más: "se nota mucho cuando el rostro está trabajado y el cuello no, y ahí se produce un contraste que rompe con todo el cuidado de la piel."
El cuello necesita su propia rutina de 'skincare'
Montoya identifica tres diferencias clave respecto a la piel del rostro. Primero, su estructura: más fina y con menos densidad de colágeno y elastina. Segundo, la ausencia de glándulas sebáceas, lo que la convierte en una zona propensa a la deshidratación y al disconfort. Y tercero, su vínculo con la musculatura y la postura, especialmente el músculo platisma, que envejece por gestos descendentes y exposición constante a pantallas.
Todo esto condiciona tanto el tipo de producto como los gestos de aplicación y los tratamientos recomendados. Montoya insiste: "El cuidado del cuello debe ser constante, específico y global". En la práctica, se traduce en: limpieza suave, masajes reafirmantes, estiramientos diarios y una firme protección solar.
Qué productos utilizar en casa
La base, como explica Montoya, es aplicar la misma lógica de rutina que usamos en el rostro, pero con fórmulas adaptadas a esta zona más frágil. Es decir: limpieza que respete la barrera cutánea, sérums con activos reafirmantes, hidratación constante y protección solar diaria.
"Después de limpiar, hay que aplicar también el tónico, sérum, crema y protección solar", subraya. Y destaca que sus productos están diseñados para estimular colágeno, mejorar firmeza y reforzar la barrera cutánea.
Marta García advierte que esta zona no tolera cosmética agresiva y necesita lípidos que compensen su falta de sebo. "Necesita hidratación profunda y nutrición. Porque cuando el tejido está más denso, mejor hidratado y con mejor estructura, la piel se ve más firme, más lisa y más uniforme". Y añade que no sirve de nada aplicar al cuello lo mismo que al rostro sin ajustar intensidad y técnica: "da malos resultados siempre".
En cabina: combinar tecnologías
Cuando se trata de mejorar el cuello sin recurrir a bisturí, las expertas coinciden: no funcionan ni las soluciones milagro ni los tratamientos agresivos. "En el cuello, lo que da resultados reales es mejorar la calidad del tejido", afirma Marta García, directora de los centros que llevan su nombre. Y para ello propone tratamientos combinados que actúan en diferentes capas: musculatura, dermis y superficie.
Entre las técnicas que más resultados ofrecen, menciona la radiofrecuencia para activar el colágeno, las ondas específicas para mejorar firmeza y densidad dérmica, la luz LED para regenerar y los masajes drenantes para desinflamar y mejorar la circulación. En casos de flacidez marcada, pueden sumar ultrasonidos o tecnologías como HIFU, siempre ajustando la intensidad a esta zona tan delicada.
Diana Montoya también apuesta por este enfoque global. En sus protocolos mezcla drenaje linfático, peelings suaves, radiofrecuencia y ultrasonidos, electroestimulación y Dermapen con vitaminas para favorecer la absorción de activos nutritivos. Montoya insiste en que movilizar y estirar esta zona no solo mejora el tono muscular, sino que activa la circulación y previene la rigidez que favorece la flacidez y las arrugas. Por eso, todos sus tratamientos en cabina están diseñados para estimular firmeza, mejorar el tono muscular y reforzar la estructura de la piel sin agresiones.
Ambas expertas coinciden en que no hay un único tratamiento estrella, sino una estrategia bien diseñada que combine técnicas suaves, constancia y cuidado posterior en casa.
El error más común
Marta García lanza un dardo cultural: "Pregúntale a cualquier abuela: más del 80 % se pone la crema solo hasta la mandíbula". Y ese hábito se ha perpetuado durante generaciones. El cuello envejece diferente: no tiene acné, se mancha menos, y tarda en arrugarse. Eso lo volvió invisible hasta que es demasiado tarde. Como explica Montoya, dejar esta zona fuera de la rutina rompe la armonía facial y hace más difícil revertir los signos del envejecimiento.
No se trata de sumar pasos, sino de ampliar el alcance. Montoya propone una rutina sencilla pero transformadora: limpieza suave hasta el escote, seguida de productos con fórmulas específicas para esta zona como sérums con activos reafirmantes y completada con la crema hidratante y el protector solar habituales, aplicados también en cuello y escote con movimientos ascendentes. Incluso si no hace sol, la protección debe ser diaria.
La constancia es esencial. Como concluye García: "El cuello no mejora con arrebatos de cuidado, sino con rutina sostenida." Jennifer Lopez ya ha empezado. ¿Y tú?





