Sefa Mulet, psicóloga educativa, sobre niños que reciben muchos regalos: “Provoca baja tolerancia a la frustración, un mayor desarrollo del materialismo, apatía y falta de ilusión”
Muchos niños reciben exceso de regalos no solo en Navidades o en su cumpleaños; algunos son agasajados de manera casi constante durante todo el año, bien porque sus padres acceden a todos sus deseos de forma inmediata o porque suplen con juguetes la falta de tiempo con ellos o bien porque otros familiares les compran algo casi cada vez que los ven. Esto, lejos de ser un gesto de cariño, implica cuestiones a tener en cuenta en el desarrollo emocional de nuestros hijos. De hecho, es lo que se conoce como el síndrome del niño hiperregalado.
¿En qué consiste exactamente este síndrome y cuáles son las consecuencias? Lo explica Sefa Mulet, psicóloga clínica educativa y miembro del Colegio Oficial de la Psicología de Valencia. La especialista también da una serie de recomendaciones para revertir la situación lo antes posible.
Los regalos se convierten en algo rutinario en lugar de un gesto especial, lo que impide que los valoren adecuadamente.
¿Qué es el síndrome del niño hiperregalado?
El síndrome del niño hiperregalado se ocasiona cuando hay un exceso de regalos en Navidad o durante todo el año, provoca que los niños, las niñas o adolescentes pierdan la ilusión, la capacidad de valorar y la creatividad.
Hoy en día muchos niños reciben regalos durante todo el año (no solo en Navidades) y tienen todo aquello que se les antoja. ¿Impacta esto de alguna manera en su desarrollo emocional?
Esta sobreestimulación provoca baja tolerancia a la frustración, un mayor desarrollo del materialismo, apatía y falta de ilusión o deseo por no haber demora en la gratificación, ya que el cerebro infantil y juvenil, que está en formación, se bloquea y se desarrolla un circuito de recompensa rápido. Es decir, una búsqueda de estímulo constante empeora el aprender a disfrutar de las cosas sencillas y se desarrolla un mayor impulso por el cambio constante; por ello nada parece satisfactorio.
Hay un evidente impacto en el desarrollo emocional, genera "anestesia emocional". Al tener todo, hay menor tolerancia a la frustración.
¿Tiene esto que ver, entonces, con una menor tolerancia a la frustración e, incluso, al aburrimiento entre los niños y los adolescentes?
Existe una relación directa. La capacidad de gestionar la espera disminuye, provocando que se frustren rápidamente cuando el regalo no es lo que esperaban o cuando el flujo de obsequios para.
Una de las primeras consecuencias que se vienen a la cabeza cuando se habla de niños hiperregalados es que dejen de valorar las cosas, que dejen de ver como un gesto a tener en cuenta que alguien les regale algo. ¿Es así?
Los regalos se convierten en algo rutinario en lugar de un gesto especial, lo que impide que los valoren adecuadamente y los niños y las niñas no saben cuál elegir y acaban ignorando la mayoría.
La sobreestimulación de muchos juguetes a la vez dificulta aún más la capacidad de atención y concentración, provocando que cambien de un juguete a otro constantemente.
¿Esta cantidad excesiva de juguetes y objetos materiales puede ser un obstáculo añadido a niños con determinadas dificultades, como pueda ser un TDAH, por ejemplo?
Puede ser un gran obstáculo. La sobreestimulación de muchos juguetes a la vez dificulta aún más la capacidad de atención y concentración, provocando que cambien de un juguete a otro constantemente. También se pierde el disfrute por repetición pasando de manera constante de un juego a otro.
Se recomienda aplicar la "regla de los cuatro regalos": uno para llevar (ropa), uno para leer, uno que deseen mucho y uno que necesiten. Además, priorizar experiencias (tiempo juntos) sobre objetos materiales.
¿Cómo parar si los niños cada vez piden más y más y no entienden un 'no' por respuesta cuando llevan años acostumbrados a ser agasajados de esta forma?
Implica conversaciones honestas sobre este tema, establecer presupuestos no excesivos sobre la petición de regalos. Es útil fomentar que se compren cosas con su propio dinero ahorrado.
A veces no son los padres (o no solo ellos), sino otros familiares y a los niños les acaban llegando regalos por todas partes. ¿Cómo pueden los padres tomar las riendas al respecto? ¿Cómo frenar este ímpetu de abuelos o tíos sin que nadie se moleste?
Las familias deben tomar las riendas, comunicando asertivamente el tema de no saturar, sugiriendo regalos compartidos, libros, experiencias o regalos no materiales, agradeciendo el gesto pero limitando la cantidad.
Consejos para afrontar la situación:
- Limitar la cantidad.
- Enseñar el valor del esfuerzo y el sentido de la espera.
- Hablar sobre el desarrollo del cerebro y sus consecuencias.
- Involucrarles en la donación de juguetes que ya no utilizan a ONG y a otros niños, niñas o adolescentes de la familia o amistades.
- No sacar todos los juguetes a la vez, sino rotarlos para mantener el interés y secuenciar los periódicamente.

